pensé en el resto de suicidas
encarados a balcones demasiado nuevos
susurrando a esa caída libre de paisajes
nada se inmutaba en la otras ventanas
ni tan siquiera el cacareo del silencio
pensaba en el dolor caducado.
Cuchillos en la espalda de la silla esa
que era mía, que era tuya,
que se leía los momentos sin ganas,
rallando amargura en agujas desafiladas
escuchando la cancion que se acababa
en mil cabezas, todas enamoradas
de sangrientas heridas mal montadas
supurando gentiles mordiscos
que mordían palabras sabiamente adobadas
con preguntas, con veladas
de formulas agotadas
apagadas en una pareja de altavoces
que decibelios subrayaban
mujer de vinilo, suavemente apartada
yo te cuidaré en un rincon
como a un disco de rock'n roll.

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