viernes, 28 de agosto de 2009

LA TUMBA Y EL ÚTERO

Bienvenidas pulgas y demas seres insignificantes del universo infinito y decimal. Nadie cree ya en el infierno, pero el infierno es lo que os voi a mostrar. El INFIERNO PRIVADO cultivado al mediodia, cuando parece que el sol pueda destruir cualquier sombra y cualquier siesta digerir la comida. Algo se inquieta en tu estómago, algo se mueve en las sombras duras que atraviesan cualquier cuerpo, vivo o muerto, que se interponga en la autopista del terror absoluto.

Pasen y lean coagulados relatos de interés dudoso, y pulsión implosiva que pondra huevos en vuestro cerebelo y las larvas se comerán vuestros sueños y excrementarán las mas variopintas pesadillas.



INFIERNO #1

La tumba y el útero

Cien años han pasado, mil, quinientos, cién,un billón, un cosmos. Alimentado de entrañas he dormido mi sueño profundo y abismal. Soy semilla de muerte y vago por las dimensiones dejandome llevar por la corriente de todos los siglos que acumulo sin saberlo.

Sin saberlo estaba Sofia, embarazada y apunto de dar a la luz si que lo sabia. Pero no iba a dar a luz sino al llameante infierno. Seguro que escuece pensó un Dios dormido que hacia tiempo que no ojeaba la prensa mundial. El doctor Reina nota un cosquilleo en la sién. Como si una docena de ratones se fundieran en una orgia que empezaba a roer su razón, él tampoco lo sabia.

Hambriento siempre, pero indefenso eternamente, eso era su instinto. Que mortal sorpresa cuando de golpe empezó a caer hacia arriba y hacia abajo, a una velocidad tan luminosa que parecia un meteorito furioso buscando un planeta que destruir. Nauseas, llantos y liquidos nefastos hinundan la semilla que no quiere ser arbol.

El doctor Reina recibe un fogonazo psicodélico de varios colores inexistentes para la mente humana. Se pone de rodillas y mira a Sofia, asustadísima por el comportamiento de su ginecologo. Este está teniendo una visión, solo para sus ojos. Es la semilla en forma de esqueleto que camina lentamente por la consulta, oliendo a todas las personas. El esquelto se para delante de el doctor Reina y empieza a aullar de rabia. El doctor está paralizado por tanto terror absurdo. El esquelto vuelve a aullar y señala al útero de Sofia. Ese sonido de ultratumba se arrastra por sus oídos hasta su cerebro, y cae hacia arriba y hacia abajo. Vuelve en si, con una misión. El hijo de Sofia no debe quedarse en la tumba existencial del tiempo.


La semilla llora desconsolada, si nace será el fin de todo. Se concentra en nada y el fuego se apaga. Se frena otra vez, flotando sin destino. Intenta respirar pero se asfixia, le falta el aire que nunca necesitó.


El doctor golpea con una bombona de oxigeno el estómago de Sofia, aplasta su útero y salpica sangre en su bata verde de ginecologo. Sofia se desmaya y muere, junto a su no-nato hijo de las tinieblas. El doctor es detenido, juzgado y martirizado. El universo respira tranquilo, la semilla se sigue asfixiando, no puede volver a gozar del olvido, se ha condenado a si misma, junto a la madre y el salvador que se asfixian con ella, en forma de esqueletos, entre la tumba y el utéro. El infierno es para los niños.





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